RESUMEN DEL CAPÍTULO 7
El capítulo comienza con Tan y Eun-sang en el jardín de la mansión. La confesión de Tan ("No puedo dejar de mirarte") flota en el aire mientras ambos se miran en silencio. Tan le pregunta por qué lo evita. Eun-sang no sabe qué responder. Él le toma la mano y le dice: "No tengas miedo de mí. Yo solo quiero conocerte". Eun-sang, abrumada, se retira.
En la escuela, Young-do no olvida la humillación del gimnasio. Planea su venganza y descubre que Eun-sang es la empleada doméstica de la familia de Tan. Esta información es un arma perfecta. Young-do se acerca a Eun-sang con falsa amabilidad, y ella, desesperada por tener un aliado, acepta su ayuda.
El acoso escolar hacia Eun-sang se intensifica. En una escena particularmente cruel, las chicas populares la encierran en un armario y esconden su uniforme. Tan llega justo a tiempo para rescatarla, pero ella le pide que no se involucre. Él, furioso, la ignora y enfrenta a las acosadoras. Su intervención, aunque bienintencionada, solo empeora la situación: las chicas ahora odian a Eun-sang por tener al "heredero" de su lado.
Mientras tanto, el padre de Tan, presidente Kim, observa con atención el comportamiento de su hijo. Sospecha que Tan está ocultando algo y, para ponerlo a prueba, le exige que se comprometa formalmente con Rachel. Tan, presionado, no puede negarse. La noticia corre como pólvora por la escuela.
Eun-sang se entera del compromiso y siente que todo lo que Tan le dijo fue una ilusión. Decide distanciarse definitivamente, creyendo que es lo mejor para ambos. Tan, atrapado entre su deber y sus sentimientos, se desespera.